―... de modo que es probable que él también aspire a la Apuesta.

Shinjo Yokatsu miró a los cinco jóvenes. No parecían muy animados por su noticia.

―Pero Yokatsu-sama... ―Akira no supo cómo continuar.

―Sé que habéis hecho méritos para lograr la participación. Él también, y además su posición en el séquito León es buena para nuestro clan. Una demostración pública de buenas relaciones y voluntades irá bien a todos.

Akira enrojecía a medida que su daimyo hablaba, sin poder evitarlo.

―¡Yokatsu-sama, las buenas voluntades y relaciones de mi hermana la llevaron a la muerte mientras me conseguía esta invitación! ¡Todo esto es un circo estúpido si ahora nos quedamos fuera por mantener las apariencias!

El joven samurai sentía las arterias palpitándole en el cuello. Sus cuatro compañeros palidecieron mientras Yokatsu observaba la explosión de Akira. Cuando el Maestro de los Cuatro Vientos volvió a hablar, su voz era menos cordial.

―Shinjo Akira, todos lloramos el accidente de tu hermana. Comprendo que el dolor te haga apasionado y te perdono los desprecios al trabajo de los magistrados y al honor de los testigos. Pero modérate.

―Me disculpo, sama. Vuestra bondad es infinita ―logró mascullar entre dientes, a punto de llorar de ira. Saludó apresuradamente y se marchó de la sala, dejando a sus cuatro compañeros aún más pálidos. Yokatsu los miró, todavía pensativo. Hizo un gesto resignado con las cejas.

―Id con él. Necesita amigos.

* * * * *

Akira estiraba los músculos mientras los otros cuatro observaban, a la sombra del gingko.

―El numerito en la posada... ¿tú crees que...? ―Ide Asuka murmuraba, mirando de soslayo la cicatriz del gunso.

―No ha aprendido a controlarse. Está superado y sí, desea perder el duelo con todas sus fuerzas.

―Pero no lo hará a propósito ―añadió Iuchi Haruo. La otra chica, Ritsuko, guardaba silencio.

―Por supuesto que no. Fue el primero en quedarse mirando cuando los vimos la primera vez, Akira respeta a ese Shinjo... a pesar del numerito.

Ninguno de los cuatro dijo nada más, ya llegaban el adversario de Akira y sus testigos. Sólo minutos después, cuando daban alcance al duelista vencedor, Ritsuko se alarmó al oír el repentino silbido de un acero que se desnuda, y gritó ¡Akira! cuando vio la punta del wakizashi sobresaliendo por su espalda.

*De Hattori Ransetsu.