Buscando Puntos de Experiencia
La poesía es algo íntimo y etéreo, exento de juicios, que despierta una mayor o menor simpatía en el lector. Sin embargo su soporte físico, los versos, sí que se pueden analizar y diseccionar. La forma más común de hacerlo consiste en el acto de escandir, a saber medir el número de sílabas de cada verso. Aunque es un concepto casi ridículo, lo cierto es que determinados patrones dan ritmo y cadencia al poema. También resulta sorprendente estudiar un poema fascinante y descubrir que las cifras encajan.
Bien, el acto de contar sílabas no tiene misterio, sólo hay que fijarse en los posibles diptongos, triptongos e hiatos. Aquí se puede encontrar un repaso sobre esas uniones. Pero además del número de sílabas, hay ciertas excepciones que afectan a la métrica. Ignoro qué sesudos pensadores reglamentaron estas licencias, pero aquí están:
- Si la última palabra del verso es aguda, se añade una sílaba al total.
- Si la última palabra del verso es esdrújula, se resta una sílaba al total.
Esto responde estrictamente a la sonoridad. El énfasis tónico puede dar el suficiente peso a una composición como para alterar el ritmo al margen del número de sílabas. Las palabras llanas, por comunes, abundantes y presupuestas, no suman ni restan.

- Cuando el final de una palabra y el comienzo de otra forman un diptongo, triptongo o hiato, esas dos sílabas de diferentes palabras se contabilizan como una sola. Esto se llama sinalefa. Pudiera parecer retorcido, pero es claro y lógico. Al pronunciar, los diptongos suenan como una única sílaba. De todas formas, la sinalefa se puede romper voluntariamente y hacer que cuenten ambas sílabas. Este recurso se llama dialefa y es un tanto ruin en mi opinión.
Hay algunas licencias más, pero las más habituales y a tener en cuenta son las ya vistas. Ahora hablaré de los haiku.

El haiku es una composición poética tipo de origen japonés e influencias zen. Lo forman tres versos de una métrica exacta, un número de onji, que podríamos traducir aproximadamente como sílabas: 5 en el primer verso, 7 en el segundo y 5 en el tercero. En cuanto a su composición formal, hay algunas convenciones que se deben observar:
- El haiku es contemplativo. Suele describir fenómenos naturales e incluso cotidianos, limitándose a transmitir una imagen, sin acción, juicio ni finalidad. Los verbos deben ser escasos o incluso inexistentes.
- Debe contener una palabra o expresión clave (kigo) que dé al lector una pista clara sobre la estación del año en la que se enmarca la imagen. Por supuesto, no habrá que citar explícitamente el invierno si hablamos de un paisaje nevado, pero de una forma u otra debería saberse en qué época estamos.
- Busca la serenidad e invita a la reflexión. Aparentemente sin sentido, los versos deben invitar al lector a contemplar la imagen en calma y meditación. Un haiku nunca es una verdad taxativa. Carece realmente de sentido universal y es cada persona quien lo completa e integra.
Pero por supuesto, sólo son guías y no severas condiciones sine qua non. La poesía es humo y pupilas azules, o doradas.
vomito de lobo en el mar azul dijo
azules o doradas, me intereso mas por hasta donde pueden caer las palabras en ellas, es decir, la profundidad de ellas.
Muy interesante todo, y aunque no soy muy dado a los haiku creo que has sabido describirlos perfectamente, tal como yo los veo por lo menos.
28 Junio 2007 | 09:36 PM