Un día, me desencanté del PSOE. Sí, igual que una rana besada, pero a lo bestia, porque hubo por medio trenes que saltaban por los aires, asesinos musulmanes y gentuza que no respetaba los tiempos en periodo de reflexión. Ese día, mi voto cambió de acera y visitó praderas desconocidas hasta el momento. Qué cosas.
Desde ese momento, creía haber encontrado algo por lo que moverme: ZP, fuera. Mi leit motiv. Algo en lo que firmemente creo.
Pero no se puede construir nada sólo en oposición a algo. No quiero a ZP, es cierto. Pero con el tiempo he visto que eso no es todo: me dijeron que sólo hay una alternativa a ZP. Pero oponerse a ZP no es suficiente para convencerme. Además, tengo que querer votar con los que votan en contra de ZP. Me tienen que decir por qué es bueno para mí votarles a ellos, porque quitar a ZP no es lo ùnico que hay en mi vida. Por qué es mejor que estén ellos que ZP.

Y cuando casi estaba convencida de que sí, de que seria mejor que ellos estuvieran en el sitio de ZP, aparecen dos señales divinas (¡quién lo diría!).
Una de ellas, en un blog que leo a menudo y en el que encuentro personas que piensan como yo. Pero ¡ay! sí, personas. Siempre y cuando yo olvide que pertenezco a la única mayoría que es tratada como minoría y cuyos derechos, siendo humanos por mor de ser la mayoría de la humanidad, tienen que llevar apellido.
Entonces surge la duda. Piensan como yo, si yo no fuera yo. Tendría que salirme de mi, dejar de ser yo. Alienarme.
Y poco después, la otra señal.

Hallábame yo desayunando con un grupo de amigas, haciendo planes para la boda de una de ellas. En dicho grupo podía encontrarse una médica, tres profesionales del derecho si se me incluye a mí y dos funcionarias de justicia.
Entre diversos temas surge el de la violencia contra la mujer; la médica, tímidamente, empieza a apuntar que el problema no es tal, ya que muchas de las mujeres que denuncian violencia terminan volviendo a convivir con sus agresores. Señala una de mis compañeras el elevado número de denuncias de todo tipo que se retiran al año en España, lo cual no hace que nadie diga que las agresiones, los robos o las amenazas dejen de ser un problema. Intervengo yo para preguntar si una muerta cada tres días no es un problema.

Cambia el tono de la conversación; poco a poco cada una muestra sus cartas. Las dos funcionarias se decantan por la postura de la médica. Y yo veo de qué se trata.
Ellas son votantes del PP. Las votantes del PP de toda la vida. Están dispuestas a aceptar que la lucha feminista les ha servido para situarse donde están, pero "ya está pasada" y "hay que abandonarla porque agrede al hombre". Un recordatorio de las otras tres amigas de que "por favor ¿podemos dejar de hablar de los hombres? Estábamos hablando de las mujeres". Pero es difícil: para las mujeres patriarcales, las mujeres sólo hacen las cosas a favor, en contra, debajo, encima, al lado, detrás, delante, del hombre. No parecen entender hacerlo al margen de él y sólo en función de la propia mujer.

El problema de las votantes del PP es que se ven a sí mismas como seres privilegiados, excepcionales y extraños. No tienen nada que ver con las otras mujeres y están convencidas de que los hombres las miran distinto. Entonces, mi admiración por las mujeres del PP, ése "hay que ver, ha tenido que ser un partido de derechas el que sitúe a una mujer al frente de una comunidad autónoma o una ciudad importante", no vale. Porque la mujer que se pone ahí, no lo ve como parte de una lucha que empezaron otras mucho antes de que ella naciera, sino como un mérito propio bajado de... ¿el cielo?

Así que no es mi lado tampoco; y para rematarlo, el PP no desperdicia ni una sola oportunidad de quedar mal. Ahora mismo, el fiscal del Estado ha dicho que las muy posibles implicaciones de PePe Blanco en el tema de Ibiza, se investigarán tras las elecciones.
¿Dónde están las manifas del PP ante las sedes del PSOE diciendo aquello de "queremos saber antes de votar"?

¿Qué hago con mi voto, señores y señoras? El PSOE lo perdió y el PP no se lo ha ganado. Ni quiero votar con los que piensan como dejé dicho arriba.
Y como yo, ¡hay tanta gente!

by CIVIS K