En estas horas de divagaciones, charlas, búsquedas y descargas, de contemplación sentada frente al ordenador, la gente suele tener a mano cosas para picar y beber. Cerveza, refrescos, café... Creo que he encontrado mi capricho dominical.

Tengo té rojo, pero lo guardo para las ocasiones especiales. La de la foto es una infusión de mora, pera, regaliz y rooibos, un hallazgo interesante mientras husmeaba los misteriosos armarios de la cocina, aprovechando que estoy solo en casa.

Me gusta. En un placer estético, trae recuerdos felices y, además, sabe bien.