Hace días que, ante la proximidad de las elecciones nacionales, los partidos varios de Cataluña se pelean por colectivos y nuevas estratagemas y formas, a cual más baja, de ganar votos. Uno de los debates viene por la controversia que despiertan los inmigrantes: ¿pueden votar o no?

"No tiene sentido que personas que no conocen nuestra lengua, ni nuestra cultura, ni nuestra identidad, puedan ejercer el derecho a voto si ni tan sólo ellas mismas se sienten integradas", dice Pelegrí. Me parece razonable. Pero son un colectivo demasiado influyente, parece ser, como para ser despreciado.

Así que la última maniobra de CiU, de mano de Artur Mas, es la proposición de crear una especie de carné por puntos para los inmigrantes, puntos que irán adquiriendo a medida que progresen en el conocimiento de la lengua y cultura catalanas. Igualmente, ganarán en derechos.

Y uno se pregunta: ¿Y dónde queda el nazismo de los catalanes cuando pende sobre ellos una piñata valiosa? ¿Cómo es que rechazan, denigran, desprecian e injurian a los españoles y acogen en su seno a los macarras sudamericanos (y con subvenciones) y a los inmigrantes sin papeles? ¿Tanto les hemos hecho los españoles que son preferibles todos los miserables? ¿Cómo puede ser que el mismo Mas que encuentra inverosímil un debate en castellano prostituya su integridad y su espíritu patriótico a cambio de los votos inmigrantes? ¿Cómo se puede ser tan vendido, hipócrita y miserable?

Por una parte me agrada que tomen esta dirección. Mientras sus fronteras agrupen en sus límites a toda esa gente, el resto de la península estaremos más tranquilos. Adelante, reunid votos y delincuentes. Si luego tenéis un país independiente dominado por musulmanes, latin kings y bandas de rumanos, os j... aguantáis. Las editoriales deben estar relamiéndose de gusto pensando en este futuro hipotético: cambiar de nuevo la historia convenientemente llenará sus arcas.

P. S.: Lo siento por los catalanes normales. Hablo sobre el grupo que da la cara y que conocemos en España.