Leo en un diario digital:

Moratinos discutirá con las autoridades locales sobre la nueva política migratoria española y ofrecerá a estos tres países "acuerdos de segunda generación que vinculan la repatriación con la cooperación al desarrollo".

Bien, este diario recoge el comentario de María Teresa Fernández de la Vega , correcto como era de esperar. (El País es aún más escueto, correcto y repulsivo).

Curiosamente, en la radio han tratado el asunto con un toque más íntimo. Estos "acuerdos de segunda generación" consisten en que España pague a los países de los inmigrantes por permitir la repatriación de sus hijos pródigos. Como suena. "Ayudas tecnológicas" y demás obsequios caritativos. ¡Hay que sobornar a los países para que acepten que sus sin papeles sean repatriados! No es bastante con recogerlos, darles sustento y techo —un saludo especial a mis amigos los musulmanes—, y enviarlos de vuelta en transporte decente, sino que hay que pagar por ello. Impresionante. Estoy esperando el día en que las embajadas españolas y los centros gubernamentales se conviertan en (declarados) lupanares de sodomía (pasiva) negociadora. Casi oigo a ZP apelando a los españoles a poner su noble trasero a merced de los delicuentes, inmigrantes y terroristas.

Europa, olvídate del lío de la inmigración. Ya mandamos nosotros cortesanos con sendos regalos.